Son muy diferentes los atractivos que en Villuercas-Ibores se pueden promocionar: Uno de ellos, el más conocido, es la visita al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, que puede ser complementada con una serie de monumentos anexos y un paseo por las hermosas callejuelas del pueblo, con la adquisición de productos artesanales realizados en cobre o cerámica o exquisitos manjares típicos de la tierra como los quesos de cabra, los embutidos de cerdo ibérico y los vinos de pitarra. Otro, mucho más amplio pero menos utilizado, consiste en entrar en contacto con una comarca rural poco conocida, que brinda en su conjunto la posibilidad de conocer la forma de vida y costumbres de los pueblos y de disfrutar de bellos paisajes o del contacto con la naturaleza.

Dentro de este último, la comarca ofrece un potencial incalculable que sólo los más expertos conocen hasta el momento. A los estudiosos de la geología, recorrer las sierras, valles y pedreras les permitirá conocer sus orígenes, tan característicos por su representativo Relieve Apalachense, podrán deleitarse con la presencia de fósiles y cuevas, pinturas rupestres, extraplomos y formaciones cuarcíticas sorprendentes, y terminar con las rañas del norte y sur de la comarca, depósitos aluvionares de gran extensión, muy típicos por su forma digitiforme.

Para botánicos y ornitólogos ya se ha comentado con suficiente amplitud en diversos capítulos los valores naturales, pero baste recordar que en sus dominios podemos ver con facilidad halcones peregrinos, cigüeñas negras, picogordos, collalbas, mirlos acuáticos y águilas reales. La vegetación presenta una diversidad magníficamente conservada, con algunas joyas como el loro, árbol presente en los bosques de niebla de la Era terciaria que aún se conserva aquí con un número considerable de ejemplares. Los robledales adehesados, los magníficos alcornocales, una veintena de variedades de orquídeas silvestres, rosas de Alejandría, y un largo etc., la hacen ser el deleite de los amantes de "lo verde".

Para "andarines", fotógrafos, curiosos y naturalistas, las sierras escarpadas y sus valles profundos cubiertos por frondosos bosques galería ofrecerán jornadas de "bocata y mochila" de buen recuerdo, incluso con la posibilidad de descubrir y caminar por veredas holladas sólo por corzos, jabalíes y ciervos.

Para los menos aventureros, los pueblos están cargados de fiesta e historia, y desde las carreteras los paisajes son extraordinariamente bellos. Resultará difícil encontrar algún visitante que tras visitar esta tierra se atreva a decir "no pienso volver ...."