La artesanía es, por definición, la acción de construir objetos con predominio del trabajo manual. En este sentido, los habitantes de esta tierra son artesanos, desconocidos pero artesanos; son muchas las personas que aún se confeccionan sus zaques para el agua, tajos (asientos de corcho), cucharas o cuencos de madera, y transforman las calabazas secas forrándolas con cuerdas para contener agua, y los cuernos de vacuno, que tapados con corcho una vez vaciados y limpios se utilizan para guardar sal o especias.

Durante el verano, las mujeres de Castañar, Navalvillar y Navatrasierra, pasan en la calle las horas de calor confeccionando, en corrillos, sus manteles deshilados mientras hacen "chascarrillos". Sin embargo, estos utensilios se elaboran con un uso estrictamente doméstico y no existe mercado entorno a ellos.

Donde sí existe un surtido mercado de productos artesanales es en Guadalupe. Se confeccionan bordados y utensilios de latón o cobre, siendo éstos últimos los que acaparan el mayor protagonismo. En la Puebla existen seis o siete talleres artesanales de cobre y latón que elaboran jarros, calderos, cántaros, potes, paragüeros, centros de mesa, etc... Partiendo de finas planchas de cobre que se cortan de diferente manera en función de la pieza que se vaya a elaborar, se las da forma "entallándolas" en un torno. La superficie rugosa y rítmica final se consigue con el martillo mediante la técnica del "machado". Finalmente, se complementan y refuerzan con asas y cinchos de hierro.

Esta dedicación es muy antigua en Guadalupe; cántaros idénticos a los que ahora se pueden adquirir allí, aparecen en fotografías de principios de siglo. En estos utensilios se combinan la belleza, el encanto de lo artesano, la durabilidad y la buena conducción del calor muy útil cuando, como en el caso de los calderos, se emplean para cocinar.

En definitiva, los "cacharros" de cobre son el producto artesanal representativo de esta tierra, dejando su fabricación y venta pingües beneficios a muchos guadalupeños.