Contamos en Villuercas-Ibores con una variada y rica oferta gastronómica. Este grupo de manjares está encabezado por el queso de cabra (actualmente con denominación de origen "Queso de Ibores"), que hasta hace poco tiempo se elaboraba de forma tradicional, aunque se ha modernizado ligeramente en los últimos años por comodidad y razones sanitarias. En las queserías de Roturas de Cabañas y Navalvillar de Ibor, supervisadas por la Administración, pueden adquirirse sabrosos quesos sin miedo a la brucelosis (vulgarmente enfermedad de Malta).

Navezuelas, Guadalupe, Deleitosa o Logrosán son, por citar algunos, pueblos donde se elaboran y comercializan embutidos y jamones de cerdo; la abundancia de dehesas de encinas y alcornoques posibilitan la obtención de buenas carnes. Este magnífico producto, combinado con la altitud y temperaturas serranas de la comarca son el complemento perfecto para un buen curado y la obtención de unas chacinas de primera calidad.

Como en todas las comarcas, la gastronomía está marcada por los productos que de ella se obtienen, siendo aquí muy amplia la lista de platos, postres y dulces. Tradicionalmente se consumen migas (muy típicas en las monterías), calderetas y asados de cabrito o cordero, pero también escabeches de peces o verduras, sopas de tomate o patata, gazpachos, perrunillas, encanutados, roscas de miel, bollas de chicharrones, etc.

Existen otros platos que abanderan la alta cocina y pueden degustarse en restaurantes de cierto prestigio como el "bacalao a la monacal". Por su singularidad, llaman especialmente la atención tres platos: el "caldo cano", el "ajo blanco" y las "sopas de cachuela", éstas últimas típicas del día de la matanza.

Caldo cano con tomate. (para seis personas)
En un poco de aceite se refríe cebolla, pimiento seco y ajo bien picados, después se añade un tomate, también en trozos pequeños, para que se fría con los primeros. Se aparta del fuego cuando la cebolla y el pimiento estén "pochados" (medio fritos). Con el aceite aún caliente se echa sal y pimentón, mientras se remueve un poco. A continuación se agrega un litro de leche (preferentemente de cabra) y se vuelve a poner en el fuego hasta que hierva, permaneciendo atentos para evitar que en este momento rebose de nuestra sartén o caldero.
Para finalizar, y prescindiendo ya del calor, se rebaja con agua, según gusto, y nunca con más de medio litro. Cuando esté templado se vierte sobre las sopas, previamente preparadas con medio pan cortado en rodajas muy finas dispuestas en un plato grande.

Sopas de cachuela. (para seis personas)
En primer lugar se refríen hígado y magro de cerdo picados (250 gr. de cada) y se reservan. A fuego lento, se echa en el mismo aceite, sal, pimentón y un machado que estará preparado con dos o tres dientes de ajo y media cucharadita de comino. Se remueve un poco antes de añadir un litro de agua y dos o tres hojas de laurel que recocerán, siempre a fuego lento, unos diez minutos. Sin apartarlo del fuego, se agrega un litro de sangre de cerdo. A partir de este momento hay que remover constantemente hasta que el líquido espese, adquiera una textura granulosa y torne el color rojo por marrón.

Las sopas estarán preparadas de igual modo que en el caldo cano, y para saber cuándo está la cachuela cocinada, se vierte una cucharada sobre ellas para observar el color y textura. Una vez templada la cachuela se vierte sobre las sopas, se aprietan con una cuchara y se pone encima el hígado y magro que se apartó al principio.

Ajo blanco. (para cuatro personas)
En un cuenco grande se pone a remojar un bollo de pan. Se "machan" en el mortero cinco o seis dientes de ajo (si el ajo entero se mezcla con sal, se macha mejor). Una vez vertida el agua del cuenco, se envuelve el pan mojado y el ajo machado con dos huevos crudos; con estos ingredientes en el cuenco se añade poco a poco 1/4 de litro de aceite de oliva sin dejar de "majar" (remover enérgicamente con la mano del mortero), hasta conseguir una pasta uniforme. Teniendo en cuenta que ya se usó sal para machar el ajo, se añade un poco más. El vinagre, unas cuatro cucharadas, se agrega poco a poco y majando, igual que el aceite.
Para finalizar, la pasta obtenida, se mezcla con unos 2 litros de agua hasta que adquiera un aspecto líquido y blanco muy parecido al de la leche. Se toma muy frío, bien bebido, bien remojando en el líquido trozos de pan seco y usando la cuchara.