¡¡ Ahí va el guarroooooo !!    ¡¡ ahí va parribaaaa !!
¡¡iuuuu !!    ¡¡ janda con eeeeel !!.....


"Retumba la umbría de Torneros en la mañana invernal con el trote desbocado del "bicho" sobre las piedras. No siente el suelo, pero corre con el corazón a punto de romperse por el esfuerzo. Los perros se han vuelto locos en su persecución y desde lo alto de las rocas se apostan decenas de escopetas esperando su oportunidad".


La caza en Villuercas ha sido uno de los recursos tradicionales a lo largo de generaciones, como lo ha sido también la extracción del corcho, la recolección de la castaña, o las cosechas de aceitunas. No han cambiado en exceso los productos naturales, pero los que sí han ido variando han sido sus protagonistas a lo largo de a historia.

"El valle de Vieja es buen monte de oso en ivierno. Et son las vocerías, la una por la cumbre de la sierra que es cantante al Valle de Vieja desde el collado de cima fasta en derecho de la Majada del Helechar; et la otra por la cumbre de la sierra que es cantante à Roturas desde Collado por cima de la cumbre fasta cima de la Gargantiella de Juanes Domingo. Et son las armadas en esta Majada del Madroño, et otra en la Majada del Helechar. Et que estén renuevos de canes en los Riscos, et sobre la Texeda, porque es el monte grande.

Et la primera vez que corrimos este monte, fallamos hí diez osos, et soltamos á los seis, et murieron los cuatro"


Así reza uno de los capítulos que Alfonso XI dedica a la comarca de Guadalupe en su "Libro de la Montería", escrito entre 1340 y 1350.

Los grupos tribales debieron repartirse las áreas de caza durante la prehistoria, aspecto este que seguramente originó enfrentamientos entre las tribus por los mejores enclaves para la fauna. La tierra no poseía propietario y ni la presión demográfica ni las actuaciones humanas tuvieron capacidad para transformar el hábitat de las especies animales moradoras.

Mucho más adelante, cuando las tierras pertenecieron a la nobleza, agricultura y caza establecieron un binomio con un denominador común: la clase baja, que hubo de fomentar una y otra actividad para rendirle cuentas al dueño. Para los nobles, la caza menor poseía entonces un papel secundario, y por tanto agricultores y pastores disponían de una despensa de proteínas casi inagotable.

Pero no todas las especies animales silvestres se han mantenido hasta nuestros días. Además de los abundantes osos antes comentados, existían también gamos, cabras monteses, lobos y quebrantahuesos, actualmente extinguidos todos ellos en éste área (salvo reintroducciones puntuales de gamo en algunas fincas). La acción humana, como es lógico dirigió su lucha contra los animales que más lesionaban los intereses económicos de agricultores y ganaderos, y así el oso y el lobo llevaron la peor parte; el primero, además por los daños producidos a la agricultura y apicultura, pero en conjunto por la capacidad de diezmar las poblaciones ovinas, caprinas y caballar. Todavía hasta hace pocos años podían leerse señales indicativas de "Peligro, cepos loberos" colocadas en distintas fincas de la comarca.

En la actualidad, la caza en Villuercas-Ibores se ha desligado totalmente del hombre agricultor, si bien la caza sigue necesitando en muchas áreas de terrenos cultivados para proporcionarse alimento (perdiz, jabalí, etc..).

Sin embargo, el tándem caza-agricultura transcurre de forma paralela todavía hoy, incluso con afirmaciones tan claras como: "a más cultivos, más caza ". Los propietarios y la administración conocen bien esta problemática, y en los cotos regionales de la zona y cotos privados de caza mayor y menor se siembran amplias áreas de cereal en beneficio de las especies cinegéticas.