El estado de degradación de las pinturas rupestres resulta directamente proporcional a la accesibilidad de los abrigos donde se encuentran, de manera que para observarlas inalteradas hay que sufrir horas de caminata hasta encaramarse en los riscos más apartados de carreteras y caminos.

Por otro lado, para quienes están realmente interesados en este arte, la búsqueda es encantadora y la observación e interpretación de las pinturas son mucho más gratificantes cuando se ha derrochado esfuerzo e intuición para descubrirlas. La mayoría de los abrigos medianos ubicados a los pies de las grandes moles cuarcíticas e independientemente de su orientación, están más o menos adornados (más de una veintena en la comarca).

Debido a lo expuesto anteriormente, hemos decidido no ser nosotros quienes demos coordenadas o localizaciones concretas de la mayoría de las cuevas con pinturas rupestres, para no incrementar la vulnerabilidad de un patrimonio antiquísimo, muy importante y desgraciadamente bastante desprotegido.

Uno de los lugares más conocidos y de mejor acceso es la "Cueva de Alvarez", enclave muy próximo a la localidad de Cañamero, y que ha sido catalogada como la más importante de todo el conjunto de Villuercas. Puede accederse desde la carretera de Berzocana por un camino asfaltado que arranca desde el matadero municipal.

Inmediatamente se aprecian líneas paralelas y figuras humanas con arcos o lanzas a la derecha del gran abrigo. Con paciencia y experiencia pueden apreciarse varios de los once paneles que, según H. Breuil, se observaban a principios de siglo, consistentes en composiciones de puntos y figuras tectiformes y que en conjunto podrían ser representación del culto a divinidades paganas.
El ya citado poco respeto y el humo de las hogueras que durante muchos años debieron arder en el extraplomo hacen que cada vez sean menos los detalles que pueden apreciarse en esta cueva.

En Cañamero se comercializa el vídeo de una pequeña productora local llamada "Taiga", que explica de manera amena la historia y el significado del arte rupestre en el valle del río Ruecas.

Fortuitamente, y hace ya muchos años, se descubrió en Castañar de Ibor una sima que, a través de túneles, conduce con peligro y dificultades a una serie de salas adornadas por la naturaleza, con cataratas y cristalizaciones coralinas de aragonito, ora blancas, ora con tonalidades ocres y azules. Sin duda, este enclave representa un magnífico ejemplo de monumento natural que, aunque de menores dimensiones, no le debe tener envidia a las Cuevas de Arenas de San Pedro. Actualmente están cerradas a cal y canto y en su custodia está involucrado el celo de los vecinos que acertadamente lo consideran su patrimonio. Cuando se habla de abrir la cueva al público enseguida aparecen los inconvenientes de la posibilidad de derrumbamientos y el aspecto negativo que tendría esta intervención en el proceso de formación mineralógico.