El Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe no sólo encierra riqueza artística sino también un rico legado histórico, destino y cobijo a lo largo de los siglos de personajes tan ilustres como los Reyes Católicos, Cristóbal Colón, Felipe II, Hernán Cortés, Santa Teresa de Jesús, San Pedro de Alcántara, Felipe III, Cervantes ...etc.

El origen del Monasterio se encuentra en el hallazgo de la imagen románica de la Virgen, que según la leyenda habría sido esculpida por San Lucas y enterrada en el valle del río Guadalupejo para la protección del pillaje árabe. La devoción que suscitó la ermita levantada en el siglo XIII, y la atención prestada por la Monarquía, impulsora de la transformación de la ermita en Santuario, resultaron en un conjunto arquitectónico irregular por las sucesivas ampliaciones a que fue sometido el edificio, obteniéndose así una contrastada mezcla entre gótico y mudéjar, piedra y ladrillo, torre cuadrada y redonda.

En 1340, a iniciativa de Alfonso XI y en acción de gracias tras la batalla de Salado, se emprende la transformación de la ermita, levantándose un segundo templo del que quedan restos en la caja de muros de la iglesia actual. Se encuentran también elementos de la segunda mitad del siglo XIV como las "Torres de San Gregorio" y de "las Campanas", o la cerca jalonada de torres que defendía el Monasterio, todo ello de construcción mudéjar y realizado en mampostería.

Entre 1389 se entregó el monasterio a la Orden Jerónima. Desde entonces, el conjunto se fue ampliando sucesivamente en función de las necesidades de los monjes. En 1389 y 1405 se construye el claustro, en cuyo centro se encuentra un templete mudéjar contemporáneo, y donde también encontramos el sepulcro del padre Illescas, los dormitorios, cocina y otras dependencias como el refectorio, donde hoy se ubica el museo de telas bordadas del Monasterio, muestra del taller de los monjes Jerónimos y de las ofrendas de telas y bordados efectuadas por los monarcas y particulares, constituyendo el conjunto de bordados medievales y renacentistas mejor conservado de España.

Durante el siglo XV hubo reformas de nuevo en el Monasterio, construyéndose tres naves góticas separadas por arcos apuntados y cubiertas por bóvedas de crucería, una bóveda estrellada en el presbiterio y la fachada meridional convertida en la principal del templo. Más adelante se levantó la capilla de Santa Ana, donde se encuentra el sepulcro de Don Alfonso de Velasco, la pila de bronce del claustro mudéjar y las dos puertas, del mismo material, labradas por Pablo de Colonia. En la fachada se combinan así lo gótico y lo mudéjar que contrastan con la portería y Santa Ana, de un carácter más austero.

En el interior de la iglesia podemos encontrar unidades de gran valor, como la talla del siglo XII de la Virgen de Guadalupe, el retablo mayor del arquitecto Juan Gómez de Mora, la sillería de Manuel de Larra Churriguera con relieves de Alejandro Carnicero, las pinturas murales de la bóveda - de Juan de Flandes -, los lienzos de Zurbarán, y la reja del presbiterio, obra de Francisco de Salamanca y Juan de Ávila.

No podemos concluir éste capítulo sin mencionar las también importantes construcciones anejas al Monasterio, como el Patio de la Mayordomía, el Pabellón de la Librería (donde se alberga el Museo de Miniados, colección de libros de coro ilustrados con miniaturas) y la Real Hospedería para las frecuentes visitas de los Reyes Católicos, todos ellos del siglo XV.

Durante el siglo XVI fue edificada la Enfermería y la Capilla de San José en la que destacan los esmaltes del platero Fray Juan de Segovia.

En el XVII fue ampliado el Monasterio con la Sacristía donde se ubican ocho lienzos de Zurbarán que se completan con los tres de la Capilla de San Jerónimo. También del siglo XVII es el Camarín de la Virgen con nueve lienzos de Luca Giordano y esculturas de Mujeres del antiguo testamento.

La última intervención se decidió en el siglo XVIII, con la Iglesia dedicada a la Santísima Trinidad.

En 1879 el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe se declaró Monumento Histórico-Artístico Nacional, y desde 1908 fue custodiado por la Orden Franciscana llegando a nuestros días en perfectas condiciones, por lo que Guadalupe y su Virgen, patrona de Extremadura, son en nuestra Comunidad Autónoma uno de los destinos turísticos por excelencia.

Guadalupe fue durante siglos centro de devoción de las Américas conquistadas y de gran parte del mundo y aún hoy acuden a visitarla todos los años miles de peregrinos de otros países. De cualquier forma, y sin ninguna duda, el Monasterio es, para los extremeños, el centro espiritual de referencia, declarado por la UNESCO en 1993 "Patrimonio de la Humanidad".

La artesanía de la Puebla gira alrededor del cobre y el latón, con piezas, algunas de ellas de gran laboriosidad y valor estético. Es fácil hacerse con braseros, lámparas, alambiques y cántaros elaborados con los citados materiales, pero además es también posible sentirse agasajado con su rica gastronomía, de la que los Frailes del Convento tienen fama por su buena cocina.