Supone, en principio, un sobresalto detectar una serpiente cerca de nosotros cuando recorremos tranquilamente un sendero, pero si aprendemos a distinguir unas especies de otras pronto empezaremos a amarlas como a los "bambis", o los "conejillos". La mayoría de las personas no reconocen las distintas especies de culebras, reptiles y anfibios, pero forman un fascinante mundo muy accesible y sorprendente.

Está confirmada la presencia en la zona de la mayoría de las serpientes ibéricas ; son comunes la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), de herradura (Coluber hippocrepis), de escalera (Elaphe scalaris), y viperina (Natrix maura), aunque también podemos encontrar culebras de collar (Natrix natrix) y de cogulla (Macroprotodon cucullatus), así como culebrillas ciegas (Blanus cinereus). Un reptil ciertamente común y representativo es la víbora hocicuda (Vipera latastei), que encuentra condiciones idóneas para sobrevivir en las laderas pedregosas cubiertas de vegetación; por ser venenosa, es aún más despreciada que el resto de los ofidios. Las mordeduras de víbora son muy improbables. Es difícil encontrar algún habitante que las haya sufrido. No obstante, hay que tener precaución y nunca intimidar ni manipular víboras o culebras. Es aconsejable calzar botas o zapatillas altas, que además evitan torceduras y arañazos, y en el supuesto caso de una mordedura de víbora, descartaremos como soluciones de urgencia la succión del veneno y el agrandamiento de la herida.

La mejor forma de actuar es practicar un torniquete por encima de la mordedura y acudir lo antes posible a un centro médico, ayudando en el desplazamiento al infortunado para que realice el menor esfuerzo físico posible.

Otro conjunto de reptiles son las lagartijas y lagartos, que también cuentan con buena representación. Son comunes los lagartos ocelados (Lacerta lepida) y las lagartijas colilarga (Psammodromus algirus) e ibérica (Podarcis hispanica). Merece especial atención un pequeño lagarto: el verdinegro (Lacerta schreiberi), morador habitual de las márgenes de torrentes y arroyos. Mientras disfruta de algún rayo solar filtrado entre la vegetación, es seguro que nos permitirá contemplar a poca distancia su diseño de puntos negros sobre verde-amarillento y su cabeza azulada. Se trata de un animal exclusivo (endémico) de la Península Ibérica que habita zonas montañosas y húmedas.

Un reptil diferente a los demás por su capacidad trepadora, es la salamanquesa común (Tarentola mauritanica), Parecida a una lagartija, aunque mucho más robusta, de color gris y con la cabeza proporcionalmente grande, vive en las paredes de las casas de campo y rocas con escondrijos. Burla la fuerza de la gravedad gracias a las laminillas que rematan sus dedos, que actúan como ventosas; es de hábitos principalmente crepusculares o nocturnos.

Se denominan anuros a aquellos anfibios que, en estado adulto, no tienen cola. Ejemplos de ello son los sapos, sapillos, ranas y ranitas. A los que si la tienen, como las salamandras, se les denomina urodelos. Las noches lluviosas y templadas de la primavera extremeña se caracterizan por la aparición de multitud de anfibios; es corriente observarlos sobre las carreteras. Para hacerse una idea de la cantidad existente, basta con saber que fuera de ellas hay tanta densidad como dentro.

Quienes se interesan por su identidad saben que éste es un momento muy productivo para obtener datos.

En esta comarca podemos localizar sin esfuerzo sapos comunes (Bufo bufo), de espuelas (Pelobates cultripes) ,corredores (Bufo calamita), gallipatos (Pleurodeles waltl), así como sapos parteros y tritones. La salamandra común (Salamandra salamandra) es en Villuercas-Ibores el urodelo más representativo, inconfundible por sus colores negro y amarillo, combinados de forma diferente en cada individuo. Tienen sus máximas poblaciones en los bosques caducifolios, donde encuentran la humedad que necesitan.

Hay que centrarse nuevamente en los cursos altos de los ríos para hablar de la rana patilarga (Rana iberica), otro endemismo ibérico, de aspecto esbelto y color pardo uniforme, se desenvuelve perfectamente en aguas rápidas y frías. Desde aguas más tranquilas o estancadas acompañan gratamente las veladas veraniegas las estrepitosas ranas comunes, y en herbazales húmedos de zonas bajas es posible detectar a otro anfibio especialmente curioso por trepar a la vegetación para refugiarse: la ranita de San Antonio (Hyla arborea).

Por su aspecto, muy similar al de las tortugas, podemos reconocer a los galápagos. Su organismo funciona dentro de un fuerte caparazón córneo y para protegerse esconde en él sus patas, cabeza y cola, mientras segrega una sustancia de olor muy desagradable. Una de las dos especies ibéricas, el galápago leproso (Mauremys caspica), es aquí muy común, siendo habitual en ríos y lagunas. Pasa gran parte del día tomando el sol en las orillas o piedras emergentes, desde las que se lanza al agua y bucea cuando es sorprendido, permaneciendo en el fondo hasta que el peligro se aleja.

Adaptadas a desenvolverse dentro de las primeras aguas de los ríos, rápidas y gélidas, están las truchas comunes (Salmo trutta), peces de gran valor deportivo y culinario; aguas abajo de sus dominios, en aguas más pausadas y cálidas, e indiferentes ante quienes no comparten su medio, proliferan bogas (Chondrostoma polylepis) y barbos (Barbus sp.).

Pero si complejo y amplio es el mundo de los seres vivos vertebrados, no hay punto de comparación con la variedad y número de invertebrados, aunque habitualmente pasen más desapercibidos. La diversidad vegetal y el uso poco extendido de productos químicos agrícolas, hacen que sean innumerables las especies de mariposas, escarabajos o arañas que pueden descubrirse con paciencia en Villuercas-Ibores.