A los animales que habitan en las rocas se les denomina "rupícolas"; lógicamente en Villuercas, por la abundancia de crestas cuarcíticas y cantiles fluviales pizarrosos, viven muchas aves representativas de este medio.

Por regla general, las pequeñas especies rupícolas dependen totalmente de los roquedos y la única actividad que se ven obligados a realizar fuera de ellos es la búsqueda de agua en los días más calurosos del verano; algunas de estas especies tienen nombres tan sugerentes como el avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) o el roquero solitario (Monticola solitarius).

Este último es un ave del tamaño del mirlo, siendo la hembra muy parecida a la de éste. El macho es de un bonito color azul uniforme. Nidifica en grietas de rocas y huecos de construcciones humanas deshabitadas, y se alimenta de insectos y pequeños vertebrados. En la comarca es frecuente, aunque de carácter huidizo; aparece tanto en cantiles serranos como fluviales, y es fácil detectar su presencia cuando ejecuta sus cortos vuelos.

El avión roquero es, al igual que las golondrinas, con las que tiene cierto parecido, un pájaro alfarero que construye pequeños nidos de barro en forma de media taza dentro de cuevas o bajo extraplomos de rocas. Se alimenta de pequeños insectos que captura mientras vuela, por lo que es muy fácil observarle volando constantemente en todas direcciones; más robusto que las golondrinas, es de tonalidad marrón grisácea, y cría en pequeñas colonias.

Otros pequeños pájaros ligados a los cantiles, que no por ser menos frecuentes o visibles carecen de importancia, son los vencejos reales (Apus melba), collalbas negras (Oenanthe leucura), escribanos montesinos (Emberiza cia), golondrinas dáuricas (Hirundo daurica) y acentores (Prunella modularis). Aunque es muy escaso, en ocasiones se ha observado al roquero rojo (Monticola saxatilis).

Aves de mayor tamaño que las anteriores que precisan de los cantiles, pero no realizan todas sus actividades en ellos, son los buitres leonados (Gyps fulvus), alimoches (Neophron percnocterus), águilas reales (Aquila chrysaetos) y perdiceras (Hieraaetus fasciatus), halcones peregrinos (Falco peregrinus), cernícalos vulgares (Falco tinnunculus), chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y búhos reales (Bubo bubo), por citar las más frecuentes.
De todas ellas, se observan con frecuencia las dos primeras, aunque los alimoches sólo están presentes en la península durante la primavera y el verano; De cualquier forma, y a excepción del búho real, no es difícil detectar a las demás mientras evolucionan próximas a las rocas o se desplazan hasta zonas más abiertas.

La especie de mayor valor ornitológico de la comarca es la cigüeña negra (Ciconia nigra), considerada en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como "en peligro de extinción". En toda su área de distribución y desde mediados de siglo, esta bella zancuda se ha visto obligada a recluirse en los parajes más abruptos y solitarios del cuadrante suroccidental del país, debido principalmente a la destrucción y alteración de sus hábitats naturales, aunque también han actuado negativamente las molestias humanas producidas por fotógrafos, expoliadores, naturalistas irresponsables, etc. Cáceres, con unas ciento cincuenta parejas reproductoras, es la provincia que cuenta con la población mejor conservada de la Península Ibérica.
Su carácter esquivo y huidizo ha condicionado que la docena de parejas que nidifican en Villuercas-Ibores se reproduzcan en el corazón de las sierras, en riscos inaccesibles, teniendo que desplazarse muchos kilómetros hasta llegar a los ríos y charcas donde se alimentan. Bajo estas condiciones, el tamaño de sus polladas es escaso, siendo por término medio dos los polluelos que consiguen abandonar el nido.

Al apartarse de las altas serranías, llaman la atención por su abundancia los arrendajos (Garrulus glandarius), bellos pájaros de mediano tamaño que se visten de negro, blanco y azul sobre un manto pardo rojizo, y sorprenden al viajero cuando, con sus graznidos y maullidos, atraviesan, volando, carreteras y caminos.

Merece especial mención, por el buen estado de su población, el mirlo acuático (Cinclus cinclus), habitante de los tramos altos de los ríos; rechoncho, pardo negruzco, y con un babero blanco, nos sorprende volando rápido sobre los torrentes para posarse en alguna piedra y sumergirse buceando en busca del sustento. Se trata de una especie muy vulnerable que acusa gravemente la contaminación de las aguas y que vive aquí en plenitud de facultades.

Un pájaro de gran importancia para la avifauna extremeña es el rabilargo (Cyanopica cyana), de fisonomía muy parecida a la de las urracas, pero con la mitad de tamaño. Su llamativo color azulado en la cola y las alas, y su negro sombrero de "jockey" le hacen muy atractivo.
Muy abundante en las dehesas y otras zonas abiertas, pierde presencia a medida que aumenta el arbolado. En toda Europa sólo se encuentra en el centro-sur de España y Portugal, lo que le hace ser uno de los objetivos para los ornitólogos extranjeros que nos visitan.

En las frías noches del invierno puede escucharse un lúgubre ulular que se expande estremecedoramente por la oscuridad; es el triste canto del cárabo (Strix aluco), una rapaz nocturna de tamaño medio que habita bosques densos con árboles viejos y huecos, desde los que acecha a los ratoncillos que bullen en la hojarasca.

La larga lista de aves que pueden observarse en la comarca la componen multitud de especies. Entre ellas, son frecuentes rapaces como águilas culebreras (Circaetus gallicus) y calzadas (Hieraaetus pennatus), ratoneros comunes (Buteo buteo), milanos (Milvus sp.), azores (Accipiter gentilis) y gavilanes (Accipiter nisus), y pequeños pájaros como cucos (Cuculus canorus), alcaudones (Lanius sp.), jilgueros (Carduelis carduelis), lavanderas (Motacilla sp.), mirlos (Turdus merula), estorninos (Sturnus sp.), picogordos (Coccothraustes coccothraustes), colirrojos (Phoenicurus ochruros), petirrojos (Erithacus rubecula), etc.