Extremadura es, en general, una región bien conservada en la que abunda la fauna silvestre, y en la que viven aproximadamente trescientos vertebrados, algunos de ellos en grave peligro de extinción como el águila imperial ibérica. Los extremeños podemos enorgullecernos de tener un tercio de la población mundial de esta bella rapaz, presente únicamente en el sudoeste español. Quienes viven en esta tierra o la visitan con frecuencia, saben que es seguro poder observar a los milanos recorrer las carreteras en busca de comida, o a los ratoneros comunes posados en los postes telefónicos, indiferentes ante el tráfico.

En cada comarca extremeña podemos hallar algún valor faunístico, dependiendo principalmente del relieve, vegetación, altitud o usos del suelo. Así, si viajamos en primavera y verano por los Llanos de Cáceres, nos deleitaremos con el planeo sutil de los aguiluchos cenizos (Circus pygargus) o las acrobacias de los cernícalos primillas (Falco naumanni) buscando insectos, y si cruzamos el Parque Natural de Monfragüe despertarán nuestra atención las coronas formadas por docenas de buitres en el cielo, girando y remontándose hasta perderse de vista.

En la comarca de Villuercas, montañosa, con cursos de agua abundante y amplios bosques frondosos, viven en perfectas condiciones los animales del sotobosque, pero también los que realizan sus ciclos biológicos en los altos cantiles, aparentemente yermos.