Hurdes, La Siberia Extremeña, Villuercas-Ibores... alejadas de los principales núcleos urbanos, condiciones duras de vida, históricamente olvidadas...... EMIGRACIÓN.

Vivir aquí es, al tiempo, un privilegio y un reto. Un rincón de descanso para los que bullen en las grandes ciudades, una lucha física para los que viven en esta tierra. Si buscamos con paciencia encontraremos ermitaños ocultos, artistas extravagantes, científicos de renombre y famosos, artesanos de lo gastronómico, hombres cansados del mundo, y románticos, pero al abandonar estas tierras uno se lleva la nostalgia de los pueblos semivacíos, de los jubilados al sol, de los bares sin chicas, y el regreso va salpicado de un tinte triste, no se sabe si por todo eso, o por la obligación de regresar a una civilización frenética que hace olvidar a los pocos día los buenos ratos pasados entre arroyos y sierras.

La población de Villuercas-Ibores siguió en un principio los patrones de la España rural de la postguerra: creció paulatinamente en números absolutos hasta los años 50-60, pero a partir de aquí el fenómeno de la emigración la diferenció terriblemente de otras áreas de la geografía nacional, y comenzó a descender drásticamente. Esto arrastró varias consecuencias negativas:

  • Envejeció la población y, por tanto, disminuyó la natalidad.
  • Los hombres mayores, como en cualquier otro lugar, apostaron por una postura conservadora ante la vida, quedando la iniciativa empresarial muy mermada, o bajo usos excesivamente tradicionales.
  • La población envejecida mantuvo una menor capacidad de trabajo y desplazamiento; el resultado fue el abandono de las tierras marginales o las más alejadas de los núcleos urbanos.


Estos cambios pudieron influir sobre el uso de los recursos y el paisaje, y tendieron la mano a peligrosas actividades que deterioraron en alguna medida la comarca.

La población global era de 18.925 habitantes en 1983. De todos ellos, Guadalupe era el núcleo más poblado, con 2744. La distribución poblacional actual, con la tradicional forma de pirámide invertida reflejo de una población envejecida, mantiene más mujeres que hombres y un gran abultamiento en la cima de la misma debido al alargamiento de la esperanza de vida y al regreso de los emigrantes tras la jubilación.

Alrededor del 60 % de la población activa se centra en el sector primario: agricultores, obreros agrícolas, pastores, ganaderos, apicultores, etc. El sector secundario y terciario (aproximadamente un 20 % cada uno) en realidad funciona apoyando al primario. Sí ha crecido, sin embargo, el sector servicios en las últimas décadas (administrativos, empleados de banca, comercios, servicios sanitarios, etc.) a medida que ha ido creciendo el nivel de vida de las familias y la atención desde el ámbito político.

Durante los últimos años, el apoyo de los distintos gobiernos (autonómico, estatal, etc.) ha favorecido el desarrollo de la comarca; mejores comunicaciones con zonas más ricas, plan de empleo rural, que asegura rentas en cada familia y una mayor incorporación de la mujer al mundo laboral, primas ganaderas, inversiones subvencionadas, etc.