Gargantas, arroyos, cascadas, sotos de alisos, fresnos y loreras, y ríos ocultos por la vegetación, surcan toda la comarca como un espejismo dentro de la España seca. El caudal, sin saber cómo, se mantiene vivo también durante el estío, aunque, evidentemente, muy mermado en los apuros del mes de agosto. Los cauces fluviales más representativos que vierten al Tajo son los siguientes:


Crea a su paso un valle profundo, muy poco alterado hasta nuestros días por la mano del hombre. Por su derecha recibe aguas de las Gargantas del Chorrerón y del Prisco. Por la izquierda del río Obispillo y Arroyos de San Benito, del Lobo y Agua Fría, entre otros. El estiaje hace mella en su curso, y el caudal se agota con los primeros calores del verano.


Excava el valle que lleva su nombre, siendo este, quizá, el más conocido de la comarca; sin embargo, no es el mejor conservado paisajísticamente: profundas alteraciones urbanísticas y medioambientales le han transformado en las últimas décadas. El afluente más importante es el Río Viejas, que mantiene tanto caudal como el propio Ibor y labra hasta su confluencia un valle paralelo; su profundidad y estado de conservación le hacen ser una de las joyas de Extremadura. Importante por su belleza es en este área la Garganta Salóbriga, afluente también por su margen derecha. Su bosque galería es fácil de apreciar desde el puente situado en la carretera que une Castañar y Navalvillar de Ibor.


Vierten en ella arroyos de escaso caudal a lo largo de su tortuoso recorrido, como el de Colmenar, Torneros, Canchal, Valle Hondo y Los Batanes, además del Fresnedoso y Castillo.