Nuestra comarca está situada en el sureste de la provincia de Cáceres, limitando geográficamente con las provincias de Toledo y Badajoz. De carácter eminentemente montañoso, posee una personalidad propia con sus sierras paralelas y alargadas, formando profundos valles de gran belleza que vierten sus aguas a la cuenca del Guadiana o a la del Tajo. Hablamos de más de 200.000 ha. de terreno en las que residen de forma permanente apenas 20.000 habitantes. Sin embargo, los núcleos urbanos no escasean y están relativamente próximos, indicador evidente de su baja densidad de población.

El relieve montañoso favorece la formación de múltiples cascadas y regatos, arroyos y ríos, muchos de ellos festoneados por tupidos bosques de ribera y "pozas" excavadas en la roca. Sus caudales se reducen considerablemente durante el estío, aunque no suelen agotarse. El punto más alto de toda la cordillera es el "Pico Villuercas", con 1601 m, del cual parten una serie de sierras en dirección Noroeste-Sureste. Las primeras forman cursos fluviales que vierten finalmente al Río Tajo. Las segundas lo hacen hacia el Guadiana.

Este conjunto de sierras y sus estribaciones han conseguido crear un microclima en la zona, principalmente debido a la altitud y orientación de aquellas que detienen las nubes cargadas de agua procedentes del Atlántico, pero también muy influenciado por el equilibrio que mantiene su vegetación, con amplias zonas boscosas en su climax y densos bosques de ribera que regulan la higrometría en determinadas épocas del año. Por esta razón, las precipitaciones medias anuales están a la cabeza en la Comunidad Autónoma, alcanzando los 1.200 l / m2.

Una de las características más llamativas del paisaje son sus rocas desnudas coronando las cimas, formando grandes crestas cuarcíticas de las que, ocasionalmente, se desprenden piedras formando acúmulos en las laderas. A lo largo de los valles se asientan los núcleos de población, pequeños pero abundantes.

Sin ninguna duda, la orografía ha condicionado esta distribución poblacional; huertas y tierras de labor se disponen, en mosaico, paralelas a los lechos fluviales, y en las laderas más fértiles se cultivan olivos, castaños, vides, etc. De una forma gráfica, podríamos decir que, "la economía discurre paralela a los cursos de sus ríos y arroyos".