"Amanece en Villuercas, y una gran silueta de rocas se dibuja sobre la línea del horizonte. Entre la niebla, los arroyos zigzaguean buscando salida, y en lo alto de las pedreras se escucha ulular al búho.

Comienza otro día frío. Las chimeneas, cargadas con troncos de roble expulsan bocanadas de humo. El primer café de la mañana se destila al calor de las brasas".


La Comarca de Villuercas-Ibores es, sin riesgo a equivocarnos, una de las más desconocidas y bellas de la orografía Extremeña. Con una escasa oferta turística y dificultades en sus vías de comunicación hasta hace pocos años, ha resultado hasta ahora poco atractiva para el gran público. Tan sólo algunos aventureros con sus mochilas y nutridos grupos de cazadores han roto esporádicamente el silencio de sus sierras, al tiempo que sus laderas y valles han producido desde tiempo inmemorial para el autoconsumo de sus moradores.

En la última década, los accesos a las poblaciones han mejorado ostensiblemente, y una gran afluencia de excursionistas, empresarios, científicos, ornitólogos, curiosos, etc., han abierto al mundo estos parajes, antes únicamente conocidos por el magnífico Monasterio Jerónimo de Nuestra Señora de Guadalupe.

La visita a Villuercas-Ibores dejará un regusto placentero al amante de lo bello, como lo hace el buen vino, y el "poso" quedará una huella tan indeleble en nuestro zapato que difícilmente resistiremos la tentación de volver a caminar por estas sierras, llenas de castaños y robles, pedreras y rañas, hombres y mujeres sabios que han conseguido sacarle a esta tierra lo que ella les podía dar y, en ocasiones, mucho más....